La causa de mi insomnio... Tú

martes, 16 de marzo de 2010

Solo libera tu imaginación

La adrenalina corre por sus venas de la misma forma que el agua por una manguera.

Sujeta su bajo con fuerza, con tanta fuerza que siente que se le están empezando a entumecer los dedos.
Suelta el bajo dejando así que cuelgue de su nueva correa, obsequio de sus padres. Se cruje los dedos. Todos. Varias veces. Se cruje hasta el cuello. Y pronto se quedará sin uña en el dedo meñique izquierdo... ¿O era el anular? No lo sabe, y en ese momento tampoco le importa demasiado.
Varios técnicos de sonido pasan por su lado, le dicen cosas. De ánimo imagina... Porque realmente no les escucha. Solo puedo oir a las personas que están en el público, y corean su nombre, el de alguno de sus compañeros, o el nombre del grupo.
Alguien le grita al oido. No entiende lo que dice, pero su instinto le dice que es la señal para salir al escenario. Y así es.
Sale y empiezan con la primera canción. Se mosquea, al parecer hay algunos problemas de sonido, y de vez en cuando este se entrecorta. Pero no pasa nada, ya lo arreglarán.
No sabe cuanto tiempo llevan tocando, y la verdad, tampoco es que le insterese demasiado. Pero sí sabe dos cosas. La primera es, que chorrea sudor, en cuanto pueda se cambiará de ropa, y después en el hotel, se dará una ducha. La segunda es que le duelen las yemas de los dedos como nunca. Y le encanta. Están tocando la última canción y aún no para de movese. No puede parar.
Entonces siente un fuerte e intenso dolor en la nuca.

Se había vuelto a dar con la estantería, y por fin estaba de vuelta en la realidad... Donde ella era solo una tonta, tocando el bajo en su habitación demasiado motivada. Suspira. Deja el instrumento sobre la cama, y se sienta frente al escritorio mirando, apenada, los libros que la esperan para que haga sus ejercicios, y se los estudie.
Después de cino minutos, con la mirada perdida en algún punto de un triangulo de un ejercicio de trigonometría, se pone a ello.

Entonces, un horrible estruendo de cristales romiendose procedente del salón, hace que se sobresalte. Se levanta tan rápido, que hace que la silla caiga al suelo y va corriendo a la sala a ver que ha sucedido.
Una vez allí, su vista choca contra los ojos verde intenso de un joven de pelo morado y piel paliducha, que ahora se encontraba en medio de los cristales, algo que apuntaba a que él era el causante de aquel destrozo. Hizo un pequeño movimiento con la cabeza, intentando colocarse el pelo mostrando sus grands orejas puntiagudas, y sonrio con prepotencia mostrando sus colmillos.
Un fuerte y agudo aullido, hace que ambos desvien la mirada hasta donde hacia unos instantes, estaban sus ventanas y ahora solo habia un enorme boquete. Por el cual, un enorme lobo negro de ojos claros estaba entrando a la casa...

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