La adrenalina corre por sus venas de la misma forma que el agua por una manguera.
Sujeta su bajo con fuerza, con tanta fuerza que siente que se le están empezando a entumecer los dedos.
Suelta el bajo dejando así que cuelgue de su nueva correa, obsequio de sus padres. Se cruje los dedos. Todos. Varias veces. Se cruje hasta el cuello. Y pronto se quedará sin uña en el dedo meñique izquierdo... ¿O era el anular? No lo sabe, y en ese momento tampoco le importa demasiado.
Varios técnicos de sonido pasan por su lado, le dicen cosas. De ánimo imagina... Porque realmente no les escucha. Solo puedo oir a las personas que están en el público, y corean su nombre, el de alguno de sus compañeros, o el nombre del grupo.
Alguien le grita al oido. No entiende lo que dice, pero su instinto le dice que es la señal para salir al escenario. Y así es.
Sale y empiezan con la primera canción. Se mosquea, al parecer hay algunos problemas de sonido, y de vez en cuando este se entrecorta. Pero no pasa nada, ya lo arreglarán.
No sabe cuanto tiempo llevan tocando, y la verdad, tampoco es que le insterese demasiado. Pero sí sabe dos cosas. La primera es, que chorrea sudor, en cuanto pueda se cambiará de ropa, y después en el hotel, se dará una ducha. La segunda es que le duelen las yemas de los dedos como nunca. Y le encanta. Están tocando la última canción y aún no para de movese. No puede parar.
Entonces siente un fuerte e intenso dolor en la nuca.
Se había vuelto a dar con la estantería, y por fin estaba de vuelta en la realidad... Donde ella era solo una tonta, tocando el bajo en su habitación demasiado motivada. Suspira. Deja el instrumento sobre la cama, y se sienta frente al escritorio mirando, apenada, los libros que la esperan para que haga sus ejercicios, y se los estudie.
Después de cino minutos, con la mirada perdida en algún punto de un triangulo de un ejercicio de trigonometría, se pone a ello.
Entonces, un horrible estruendo de cristales romiendose procedente del salón, hace que se sobresalte. Se levanta tan rápido, que hace que la silla caiga al suelo y va corriendo a la sala a ver que ha sucedido.
Una vez allí, su vista choca contra los ojos verde intenso de un joven de pelo morado y piel paliducha, que ahora se encontraba en medio de los cristales, algo que apuntaba a que él era el causante de aquel destrozo. Hizo un pequeño movimiento con la cabeza, intentando colocarse el pelo mostrando sus grands orejas puntiagudas, y sonrio con prepotencia mostrando sus colmillos.
Un fuerte y agudo aullido, hace que ambos desvien la mirada hasta donde hacia unos instantes, estaban sus ventanas y ahora solo habia un enorme boquete. Por el cual, un enorme lobo negro de ojos claros estaba entrando a la casa...
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Sensaciones